martes, 14 de junio de 2022

Cuando lo normal entra por la puerta, la perversión salta por la ventana

Parece un hecho cierto que en estas décadas del s. XXI se ha dado un fuerte aumento en la aceptación social de las prácticas bedesemeras. Hay una creciente visión positiva y 'limpia' de unos impulsos que fueron demonizados y tenidos por patológicos hasta hace poco.


Mencionemos a este respecto un libro de muy reciente aparición: "I LOVE BDSM. Guía para principiantes sobre juegos eróticos de bondage, dominación y sumisión". Para empezar, vemos que se tranquiliza al lector limitando el BDSM a un conjunto de juegos eróticos y excluyendo de ellos, ya en el subtítulo, el conflictivo 'sadomaso'... El trabajo de normalización se inicia desde las primeras líneas de la introducción:

No te preocupes: estás bien.

Comencemos con lo más importante: (...) ten la seguridad de que no tienes nada de qué preocuparte: es completamente normal.

No solo es normal, sino incluso natural (?):

Para decir esto, la Biología y la Etología nos enseñan cómo todos los mamíferos -incluidos los humanos- nacen con un instinto natural de dominación y sumisión indispensable para vivir con sus contrapartes.

Antes de nada se nos dice 'Qué no es BDSM': se trata por supuesto del sadomasoquismo, caracterizado como violento, agresivo y enfermo. Por suerte ya llega el BDSM al rescate de lo normal:

Qué es BDSM

‘BDSM’ es un acrónimo creado en la década de 1980 para distinguir el erotismo extremo del sadomasoquismo patológico.

Y luego, tras explicar el sentido de cada letra de las siglas BDSM:

Ahora que sabes lo que significa el acrónimo, permítame ofrecerle una sugerencia amistosa: olvídalo. Hoy en día, la palabra entró firmemente en el uso común, por lo que el tratar de ignorarla solo se sentiría como una pretensión snob. Por otro lado, podemos darle una definición mucho más bonita y precisa. Mira esto:

‘BDSM’ se refiere a cientos de juegos eróticos diferentes que comparten una sola característica: una persona se pone al servicio de otra, esforzándose por aceptar y saborear lo que suceda; por su parte, este último asume la responsabilidad de gestionar la escena y decidir qué sensaciones y emociones experimentarán ambos.

Encantado con esta 'bonita definición', el autor puede ya tranquilizarnos plenamente: no estamos locos; puesto que en la mencionada frase definitoria:

... sobre todo, no hay rastro de alguna patología. De hecho, la atención se centra en la armonía entre las personas y cómo hace que estas relaciones sean especiales. BDSM no se trata de trajes de látex, nudos y velas, sino de confianza, comunicación, sensualidad y respeto mutuo.

Queda pues plenamente 'blanqueado' todo lo bedesemero como un conjunto de juegos eróticos, armoniosos, totalmente 'sanos' y correctos, llenos de normalidad, placer para todos y respeto mutuo...

La perversión y la ley


Newton

En realidad, con las anteriores frases, lo que nos está diciendo la guía es que en lo bedesemero de hoy no queda ni un átomo de incorrección, transgresión o perversidad. Ya que la perversión es justamente lo transgresor o lo que se mueve en los terrenos limítrofes a la transgresión de la norma moral:

La relación del perverso con la ley es fundamental: desafío y transgresión son dos características de esta relación. La ley del padre, la prohibición del incesto, el perverso no los reconoce. (centropsicoanaliticomadrid)

El psicoanálisis lacaniano insiste en que lo definitivo de la perversión está en esa postura existencial de “ser ley”. Hay una frase (...) que define a la perfección la lógica del perverso: “Las leyes, (...), se hicieron para violarlas”. Es la postura frente a la ley y su cumplimiento lo que constituye o no la perversión. (lamenteesmaravillosa)

Y no se refiere realmente a la ley positiva (que conviene en principio respetar), sino a los hábitos sociales, a las normas religiosas y morales de lo correcto y aceptable. Ellas regulan la conducta, haciendo que nos 'reprimamos' de sentir o hacer aquello que la sociedad considera 'malo' o pervertido. Justamente de ahí viene el morbo de ciertas prácticas:

...el perverso no se reprime y esa es su diferencia con el neurótico. Impone su propia ley, por así decirlo. El neurótico, en cambio, se reprime aunque luego reniegue de ello. Desearía ser como el perverso, que hace lo que quiere y no sufre por ello. (lamenteesmaravillosa)

Lynch

Normalidad y normatividad

Pero la moralidad de la sociedad se ensancha gradualmente y así determinadas áreas de la conducta humana antes excluidas se van reintegrando al orden social. Creo que esta normalización es positiva en cuanto a que dichos gustos son tenidos ahora por (más) normales; pero acaso al precio de sufrir el otro sentido de la palabra 'normalizar', el de ser encajado en un nuevo conjunto de normas y reglas estrictas.

Es lo que hemos visto en la guía antes comentada: lo que antiguamente era rechazado en bloque, con horror, es ahora aceptado pero a condición de expurgarlo de los detalles escabrosos, de bañarlo en sentimientos de armonía y de regularlo mediante un conjunto de protocolos y decálogos y en base a una equitatividad cumplidora y respetuosa...

Se tiene la impresión en ocasiones de que, desprovista de lo transgresor y perverso, la herencia de los viejos Sade y Sacher-Masoch (y también la de los silencios corredores de Roissy) se ha visto reducida a un 'kit', a un 'tupper-sex' de artilugios para producir sensaciones físicas, a un conjunto de juegos atrevidos y de alegres mascaradas, tras las cuales la normalidad y la ortodoxia social quedan garantizadas. Para algunos, todo ello redunda quizá en un desinterés, una pérdida del morbo, de la chispa excitante de lo transgresor una vez domesticado...

Lo bien visto y el juicio a los demás

Volviendo a la definición de la mencionada guía 'I love BDSM', tengo la impresión de que hay hoy un estilo bedesemero ya bien integrado en la corriente principal, ese que es armonioso, sensual, respetuoso, alegre y estético. El BDSM aceptable, amoroso y bien visto en las redes sociales. Y luego quedan 'restos' con cierto regusto perverso (dolor extremo, trato degradante, humillación, y supongo que otros muchos más) que 'chirrían' aun a la mayoría y están mal vistos.

Exhibición de inseguridades

Degradación

Y ese 'estar mal visto' va acompañado de un juicio personal hacia los practicantes. Si antes se juzgaba según criterios morales, que se presentaban como evidentes tras un largo adoctrinamiento religioso, ahora es el sentido común (tan invocado por los 'teólogos' de hoy) el que se usa como criterio igualmente evidente tras un largo adoctrinamiento mediático. También es criterio habitual del juicio 'ad hominem' la ideología de cada cual, o la acendrada sabiduría de experto filósofo de bar, o simplemente la colección de filias y fobias de cada cual.

El caso es juzgar y condenar, llegando a veces al linchamiento, la vida de los demás. No se trata de una opinión general sobre determinados temas, sino siempre el 'zasca' individual, el ataque y desprestigio personalizado, desde, me parece, una pretendida superioridad moral: 'mis prácticas son las mejores, las más correctas', o quizá desde la intuición de que serán las que atraigan más aplausos del público...

Según la web divulgativa 'La mente es maravillosa':

Las personas que juzgan a los demás suelen detestar gran parte de su vida (...) Mantienen una relación de conflicto psíquico con este tipo de eventos de su vida. Quieren justificar su trayectoria desacreditando la vida de otros.

Y prosigue un detallado análisis de ese tipo psicológico, aunque ignoro si el texto tendrá una fundamentación sólida. Sí me parece acertado su consejo de:

Debes ignorar a estas personas (...), aunque debamos estar alerta y preparados para que no sobrepasen los límites de nuestra intimidad a un nivel más que condenable.

Juicio y linchamiento

Juzgar vs. comprender

Pienso que conviene a cada uno formar y fundamentar (con investigaciones, lecturas...) opiniones sobre los temas generales, pero que el juicio a determinado individuo personal tiende a ser inútil y fuente de conflictos estériles. En nuestro campo, soy de la opinión de que seria bueno limitar el juicio a la persona individual

  • al cumplimiento de la legalidad (asumiendo que ésta tenga legitimidad por su origen democrático) y
  • al necesario consentimiento previo de las partes.
  • También quizá sobre el recomendable cuidado de la seguridad.

Pero sobre los gustos o prácticas de particulares concretos, que cumplan lo anterior y que no hagan daño a terceros, ¿qué tiene que decir ninguna otra persona?

En estos casos me parece más enriquecedor intentar comprender la esencia de esa práctica o gusto (las motivaciones, los sentimientos y efectos que implica...), aprender de ella y ampliar quizá el propio espectro mental o de actividades.



¿El BDSM hispano es poco perverso?

Además de la tendencia mencionada al juicio personal de unos sobre otros, basado normalmente en la ideología y en lo políticamente correcto, en la corriente bedesemera que se quiera defender como ortodoxa o demonizar... etc., tengo la impresión de que el BDSM hispano cuenta en sí mismo con escasa 'perversidad':

Es que una perversión es, bien visto, una 'historia' que uno fantasea, cuenta y se cuenta, Y LA VIVE (no como el neurótico, que la reprime). Para eso hay que leer, imaginar y tener una mente 'retorcida'. Mientras que (es solo una hipótesis a estudiar) puede que el hispano sea, digamos, mas 'bruto', o sea que se deja llevar por las ganas y arrasa con todo para satisfacerse así, directa y toscamente, sin preocuparse de las elaboraciones artísticas, técnicas, las formas de hablar y actuar que separan la mente perversa de la simple pasión arrolladora... ¿Alguna opinión sobre ello?

jueves, 22 de julio de 2021

'The Duke of Burgundy': un ejemplo de lo que no es sumisión

A pesar de sus prometedoras primeras escenas, la película "The Duke of Burgundy", dirigida por Peter Strickland (2014), constituye un buen ejemplo de lo que, para mí, NO ES una sumisión satisfactoria o genuina, dentro de una relación de obediencia, dominación y servicio.

Basta casi con leer el argumento en este artículo de la Wikipedia para que las razones de lo dicho se vean claras (Nota a quien no la haya visto: este texto puede destripar el argumento). Copio aquí las anotaciones que he ido haciendo, a modo de resumen:

'The Duke of Burgundy': Obsesión teatral sin entrega

  • El servicio realizado por la sumisa no es real, no es un esfuerzo hecho para satisfacer necesidades de la dominante, sino más bien un teatro puesto en práctica para satisfacción morbosa y fantaseada de la sumisa.
  • Es la sumisa la que crea las escenas, con gran nivel de exigencia en todos los detalles que la dominante debe cumplir, y en efecto lo hace, renunciando a controlar adecuadamente la situación.
  • Para la dominante, el recrear las situaciones del juego supone un esfuerzo muy considerable; con la recompensa de ver a su pareja contenta y que la relación amorosa siga en pie. En cierto modo lo que se da es una dependencia fuerte de la dominante hacia su pareja: su mención al envejecimiento, junto al hecho de que la sumisa sea más joven; también sus quejas por unos celos que en cierto modo son consentidos... A fin de cuentas, ella lo acepta y aguanta todo para mantener la relación... Desde una perspectiva bedesemera, su actitud complaciente hacia los caprichos de la sumisa parece sin duda excesiva y con ella, la dominante demuestra muy poca capacidad para la dominación, incluso más bien diríamos que la tendencia contraria.
  • La actitud caprichosa de la sumisa en el uso de la palabra de seguridad; controladora al detalle en los tiempos y momentos de sus juegos (me resulta chocante por ejemplo su manifiesta impaciencia ante la tardanza en recibir el castigo previsto y consabido...); exigente en cuanto a los juguetes y aparatos a usar y a las escenas a interpretar...: todo ello, constituye en mi opinión lo opuesto a cualquier tipo de sumisión digna de tal nombre.
  • Cuando la dominante llega a tener una necesidad real (una cuestión de salud), los cuidados reales que la sumisa puede proporciarle parecen encajar a duras penas dentro del juego de la sumisa...
  • Más que un genuino deseo de entrega, a la (que hace de) sumisa la impulsa una obsesión por revivir, una y otra vez, ciertas escenas ideales, fantaseadas, con bastante independencia de la persona dominante, que en ocasiones parece más bien un intrumento... 
  • Puede afirmarse que es la dominante en realidad la dominada, la dependiente, la que se esfuerza por cumplir, aunque en este caso, paradógicamente, cumplir signifique interpretar el papel de 'dominante' en las fantasías de su pareja.

 

Dejando aparte su belleza y valores cinematográficos, a mi juicio "The Duke of Burgundy" sirve más bien como un ejemplo de lo que no es una relación sana y auténtica de dominación/sumisión. En todo caso pienso que para el dominante que presencie la película, resulta de bastante interés observar y remarcar con fuerza los errores, los elementos (los puntos de la lista anterior) que conviene evitar en una relación de dominación.

Inversión del significado, inversión de las relaciones de poder

En un logro narrativo excelente, al terminar la película, cuando la escena inicial vuelve a repetirse por —ahora lo entendemos— enésima vez, el gesto y la mirada de las actrices nos transmiten justo lo contrario de lo que creímos entender la primera vez. Y todo el desarrollo del film ha cumplido su auténtica finalidad: la de desvelar el significado verdadero de la historia, que es el inverso al aparente.